domingo, 10 de marzo de 2013

Otra oportunidad

Esta semana fue verdaderamente agitada. No solo tenía, como de costumbre, demasidad tarea sino que también tuve tiempo, por primera vez en el trimestre, de divertirme un poco.

Comencemos con la elección de consejeros. Sí ya sé que no suena muy divertido, pero me parece fascinante la política y el poder participar en las actividades de la UAM siempre me ha interesado. Resulta que no tenía la más mínima idea de que podíamos elegir a nuestros consejeros, pero el candidato por el cual voté pasó a mi salón y con su discurso despertó en mi el interés por la elección. Así que ahí estuve, en la mañana, a primera hora votando por él y esperando los resultados en la noche. Para alegría mía y de buena parte de Administración, ganó la dupla que tenía las mejores propuestas.

Pero no todo ha sido felicidad. Recuerdan que jugariamos de nuevo en el torneo de la UAM. Lamento decepcionarlos, pero por lo visto, este trimestre no fue el trimestre de Los Uamitos. Aunque parecía que de nuevo, según Teté, tendríamos la oportunidad de jugar no aparecimos en el rol de juegos.

Para olvidarme del fiasco futbolero, fui al autocinema Coyote. Siempre había querido ir, pero por una u otra razón simplemente no podía. Así que esta vez, aunque ya se me estaban quitando las ganas, no deje pasar la oportunidad de conocerlo.

Justo cuando dieron las seis de la tarde, partí con mi novia rumbo hacia Santa Fé. Ella manejó de ida y yo lo hice de regreso aun cuando no me gusta manejar de noche. No siempre ha sido así. Antes me gustaba e incluso participaba en los tan famosos arrancones que se hacían por mi colonia. Era muy imprudente, pero quién no lo es a los 17 años. Tendría que aprender la lección a la mala, como a casi todos.

Aún hoy, a varios años ya, tengo muy presente todo. Era un domigno por la noche y yo tenía mucha prisa. Recuerdo que mi padre me decía que fuera más despacio, pero yo no veía inconveniente en pasarme algunos altos cuando las avenidas estaban despejadas. De nuevo, la luz del semáforo se puso roja y aceleré. Para mi desgracia, choqué de lleno contra un camión, mi carro quedó destrozado. Yo salí ileso, pero mi padre falleció por el accidente. En ese momento desperté demasiado asustado, todo había sido tan real que desde entonces pienso que me dieron otra oportunidad.

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